Desde tiempos inmemorables, el pueblo Catamarqueño dedica los meses de Abril y Diciembre a venerar a su 'morenita', la Virgen del Valle. Durante una semana, la Provincia se convierte en un centro de peregrinación.
El ritual de la unión y la convivencia se ve reflejado en las múltiples familias que colman las plazas o los peregrinos que habitan las escuelas, convertidas en albergues.
El Primer sábados después de la Pascua y el 29 de Noviembre, de cada año, la Sagrada Imagen es bajada desde su Camarín y colocada en un trono en el Presbiterio de la Catedral más cerca de la gente.
El domingo culmina el festejo con una procesión de turistas y peregrinos que llegan desde Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Córdoba, La Rioja, San Juan y desde los departamentos de la Provincia. Muchos de ellos lo hacen a pie, bajan por la Cuesta del Portezuelo o el Totoral, después de haber caminado desde sus lugares de origen por varios días. Para ellos el esfuerzo vale la pena y sólo quieren encontrarse con su 'Mama Achachita' (madre hermosísima en lengua quechua).